Lilia Arellano

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16 Sep

La Costumbre del Poder: AMLO no es demócrata

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* Si lo fuera no se serviría del poder de la institución presidencial para dividir al país, escarnecer y exhibir a sus enemigos, facilitar la tranza de las adjudicaciones directas, violentar la independencia y autonomía de los poderes Legislativo y Judicial; tampoco violentaría el debido proceso, ni la secrecía de las carpetas judiciales que están en curso de investigación.

 

Gregorio Ortega Molina

 

Es de Enrique Krause la propuesta y el ensayo Por una democracia sin adjetivos. En el título aportó lo que por definición de la palabra es. Este ejercicio de participación ciudadana en política no puede ni debe adjetivarse, como tampoco puede establecerse una cantidad. Se es o no demócrata. No hay más ni menos democracia. Es el respeto y la práctica de un derecho que los gobernantes deben garantizar.

 

El último 25 de agosto José Woldenberg y José Ramón Cossío publicaron, en El Universal, textos de ineludible lectura sobre el riesgo que corre el ejercicio de nuestros derechos fundamentales, notoriamente los que amenazan la libre elección de nuestros gobernantes, sobre la que se ejerce una enorme presión para enajenar la libertad del voto secreto. El arma principal son los plásticos de los programas sociales que, supuestamente, tienen la función de promover el consumo. Olvidan, los promotores de ese dispendio, que se fondean con recursos fiscales, y ante la recesión pronto empezarán a escasear.

 

Además, el efecto de esa peregrina idea de reactivar la economía por el consumo, y no gracias a la creación de empleos e impulso a la producción, tendrá efectos negativos en la relación sociedad-gobierno, porque habrá hambre, lo que propiciará mayor violencia e inseguridad y linchamientos, por la ausencia de Estado allí donde los malandros y los hambrientos creen que podrán imponer su voluntad.

 

Lo primero que tenemos que reconocer es que la democracia en México no existe, pues en la mayoría de los ámbitos de la actividad y la vida continúa aplicándose la ley del más fuerte, la tranza política y la línea para garantizar esa impunidad que tanto daña.

 

En los hogares no hay democracia -de ahí tanto feminicidio-, como tampoco en los sindicatos, en las oficinas (donde el acoso sexual hace de las suyas), en las instituciones de educación superior, en la administración pública… José López Portillo definió bien el comportamiento de los mexicanos, donde sólo sus chicharrones truenan.

 

¿Es AMLO un demócrata? Si lo fuera no se serviría del poder de la institución presidencial para dividir al país, escarnecer y exhibir a sus enemigos, facilitar la tranza de las adjudicaciones directas, violentar la independencia y autonomía de los poderes Legislativo y Judicial; tampoco violentaría el debido proceso, ni la secrecía de las carpetas judiciales que están en curso de investigación. Mucho menos violaría la Constitución como lo hace, aunque es preciso señalar que en este país y desde hace mucho, los presidentes de la República incumplen, por norma, el mandato constitucional.

 

Que no nos vengan con el cuento de que la democracia está en riesgo. Es urgente que reconozcamos que la tal democracia en México es un esbozo, un apunte, un inicio de vida en sociedad, y también es muy importante aceptar que los culpables de que así suceda no son nada más los gobernantes. Somos, los mexicanos todos, corresponsables de que así suceda, porque estamos dispuestos a creernos nuestro cuento y nos da güeva asumir la responsabilidad de defender nuestros derechos. Al menos a la mayoría.

 

 

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@OrtegaGregorio

 

“Los Centros de Atención para Estudiantes con Discapacidad (CAED), un programa piloto que nació hace diez años, no es reconocido como un proyecto oficial y hasta ahora no ha sido considerado en el Presupuesto de Egresos de la Federación.

“En el Primer Informe de gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, se indica que en esta modalidad educativa hay 27 mil 878 estudiantes. En el documento se detalla que 46 por ciento de alumnos padece una discapacidad intelectual; 16 por ciento una motriz; 14 por ciento, una auditiva; 10 por ciento una visual, y 2 por ciento una psicosocial.

“Juan Pablo Arroyo, subsecretario de Educación Media Superior, acepta que actualmente no se cuenta con recursos económicos para darle continuidad a los CAED”.

¡Vaya cachaza del gobierno del cambio!, lo primero fue olvidar buena parte de su oferta política de campaña, y en cuanto sintió que la Silla del Águila le queda bien, procedió a quitar lo que le estorba, tal como lo hicieron los jerarcas nazis en cuanto decidieron desestructurar la República de Weimar, recuperar la grandeza de Alemania, y darle una lección a Europa y al mundo, ¡nomás faltaba!

Y sí, aprendimos mucho. Por lo pronto lo que no puede ni debe olvidarse. ¡Nunca jamás!… y también la manera en que disponen de lo estorboso. Muchos olvidaron lo primero, y recuerdan al pie de la letra lo segundo, porque el mundo ha encontrado novedosas formas políticas de hacer a un lado a los pobres y de servirse del trabajo esclavo. ¿Para qué conservar los CAED? A los que allí asisten quieren cancelarles el futuro.

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@OrtegaGregorio

Modificado por última vez en Miércoles, 16 Septiembre 2020 09:18

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