Lilia Arellano

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11 Sep

La Costumbre del Poder: El mal, poder y política V/V

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* La impostura de la 4T convierte a la sociedad entera en palo de gallinero, sólo los integrantes del gobierno son gallinas

 

Gregorio Ortega Molina

 

Ser malo equivale a acostarse con el enemigo, sobre todo en asuntos de poder y de relaciones humanas. La alteridad se pervierte cuando se gobierna con dobles y hasta triples intenciones; se trastoca cuando el engaño lo pagan, siempre, los que menos tienen. El mal, en política, es un asunto de pantalones largos y mirada torva. Allí están las imágenes.

 

Que la sociedad pueda siquiera concebir la duda acerca del mal en la cúspide del poder está difícil, porque “una vez hecho, al mal ya no se le conoce, porque el mal rehúye la luz”, dejó anotado Simone Weil en La gravedad y la gracia. Y va más allá.

 

“¿Existe el mal, tal como se le concibe, cuando no se hace? ¿No resulta el mal que se hace algo sencillo, algo natural que se impone? ¿No es semejante a la ilusión el mal? Cuando se es víctima de una ilusión, uno no la siente como tal, sino como una realidad. De igual forma puede ser el mal. Cuando se está en el ámbito del mal, uno no lo siente como mal, sino como necesidad, o aun como deber.

 

“Una vez hecho, el mal se presenta como una especie de deber. La mayoría de los hombres (sobre todo los concupiscentes del poder) poseen el sentimiento del deber para ciertas cosas malas y otras buenas. Un mismo hombre siente como un deber el vender tan caro como pueda y el no robar, (combatir la corrupción y tolerarla o consentirla), etc. En sus casos, el bien se halla a la altura del mal, y es un bien carente de luz.

 

“El acto malvado supone un traspaso al prójimo de la degradación que uno lleva en sí mismo. Por eso se inclina uno por él como si lo hiciera por su liberación”.

 

Es en este contexto que adquiere su importancia política y ética el eslogan de primero los pobres… es el mantra que resuelve, en el interior de quien lo hizo su bandera, la alteridad que nunca encontró, y supuestamente conjura su sensación de rechazo. Es el resentimiento absoluto como motivación del poder, como lo muestra la prohibición de tener cualquier contacto comercial con el grupo Nexos. Equivale al “ya perdoné a Calderón por robarme la elección” o a la afirmación de que los que nada tienen que ocultar, nada deben, tampoco tienen por qué preocuparse de las acusaciones de Emilio Lozoya, mientras la fama pública se degrada y el escarnio destruye familias enteras y es espoleta para una guerra civil larga y cruenta.

 

Demos contexto y fin al tema, con un párrafo de El problema de ser eterno, artículo de Juan Arnau Navarro en torno al dolor de la eternidad en la obra de Soren Kierkegaard, publicado en El País el último tres de septiembre: “La desesperación es una pasión impotente, pues no es capaz de realizar su propia extinción (esa es la ilusión del suicida). El desesperado cabal desespera por no poder destruirse. Y es lógico, pues la desesperación prende fuego a algo ignífugo: el espíritu. La vida es desesperada si falta la posibilidad, pero tan desesperado es quien carece de posibilidades como quien no tiene ninguna necesidad. Hasta cierta edad se vive de esperanzas y posibilidades, y éstas van menguando hasta que todo es necesidad. El que se hace ilusiones no es menos desesperado que el que no se las hace. El fatalista también es un desesperado. Ignora que la personalidad es síntesis de necesidad y posibilidad. La posibilidad es como la respiración: un continuo flujo de aspiraciones y el yo fatalista no respira, la pura necesidad lo asfixia. Sólo el que comprende que todo es posible entra en contacto con lo divino. Tan desesperado es el soñador como el burgués banal y sin imaginación que vive a impulsos de lo agradable y lo desagradable y carece del coraje de ser un espíritu. Frente a esas evasivas, Kierkegaard propone vivir y profundizar en la paradoja absoluta del espíritu. Quien evita la paradoja es como el amante que teme la pasión. No sabe que la aspiración última de la pasión es su propia desaparición, y eso es imposible”.

 

La impostura de la 4T convierte a la sociedad entera en palo de gallinero, en un país donde sólo los integrantes del gobierno son gallinas.

 

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@OrtegaGregorio

 

“Los Centros de Atención para Estudiantes con Discapacidad (CAED), un programa piloto que nació hace diez años, no es reconocido como un proyecto oficial y hasta ahora no ha sido considerado en el Presupuesto de Egresos de la Federación.

“En el Primer Informe de gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, se indica que en esta modalidad educativa hay 27 mil 878 estudiantes. En el documento se detalla que 46 por ciento de alumnos padece una discapacidad intelectual; 16 por ciento una motriz; 14 por ciento, una auditiva; 10 por ciento una visual, y 2 por ciento una psicosocial.

“Juan Pablo Arroyo, subsecretario de Educación Media Superior, acepta que actualmente no se cuenta con recursos económicos para darle continuidad a los CAED”.

¡Vaya cachaza del gobierno del cambio!, lo primero fue olvidar buena parte de su oferta política de campaña, y en cuanto sintió que la Silla del Águila le queda bien, procedió a quitar lo que le estorba, tal como lo hicieron los jerarcas nazis en cuanto decidieron desestructurar la República de Weimar, recuperar la grandeza de Alemania, y darle una lección a Europa y al mundo, ¡nomás faltaba!

Y sí, aprendimos mucho. Por lo pronto lo que no puede ni debe olvidarse. ¡Nunca jamás!… y también la manera en que disponen de lo estorboso. Muchos olvidaron lo primero, y recuerdan al pie de la letra lo segundo, porque el mundo ha encontrado novedosas formas políticas de hacer a un lado a los pobres y de servirse del trabajo esclavo. ¿Para qué conservar los CAED? A los que allí asisten quieren cancelarles el futuro.

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@OrtegaGregorio

Modificado por última vez en Viernes, 11 Septiembre 2020 09:36

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