Lilia Arellano

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09 Sep

La Costumbre del Poder: El mal, poder y política III/V

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* El mensaje del engaño no es selectivo, es general y perverso. Lo adquiere quien necesita, con urgencia de vida, asirse a un rayito de esperanza, por falso o ilusorio que resulte. Este mal es sutil y más dañino que la cámara de gas.

 

Gregorio Ortega Molina

 

El mal en política sí existe. Es el cimiento de los crímenes violentos y sociales diseñados y ejecutados desde el poder; también de la impunidad, de los juicios sin debido proceso, de las ambiciones personales embozadas en el “amor” a los pobres, en la distorsión de la realidad para servir a intereses personales, y en la cooptación de la inteligencia que hubiera sido luz, como ocurre con el autor de Los corruptores.

 

Dejemos a la pluma de Albert Camus expresar su opinión sobre el tema: “La política y la suerte de los hombres están hechas por hombres sin ideal y sin grandeza. Los que tienen alguna grandeza dentro no hacen política”. Así lo asentó en sus Cuadernos I, en diciembre de 1937. Debimos haber aprendido algo desde entonces.

 

Los nombres que engalanan el catálogo de las dictaduras iniciadas en el período de entre guerras y posteriores, pueden dar fe de la presencia y el poder del mal, que ahora se ha sofisticado, porque además de oficializarse en la legalidad incuestionable de las urnas, se establece con complicidades amarradas con la delincuencia organizada, notoriamente el narcotráfico. Nos venden el cuento de la lucha contra la corrupción y el rescate de la dignidad de los pobres, para continuar hozando en las mismas tumbas clandestinas y en los fajos de dólares con aroma de muerte.

 

Medito en las dos frases rescatadas para la novela histórica por Mary Renault en Fuego en el Paraíso. Son emblemáticas para el tema y para conducir la reflexión.

 

“Uno debe comprender bien el carácter de los hombres con quienes tiene que luchar”.

 

“… los servicios del transgresor siempre deben compararse con sus delitos, y sólo si éstos son mayores que los primeros debe castigársele”.

 

En ese contexto, cuántos ídolos políticos podemos rescatar para la dignificación de la historia de las civilizaciones. ¿Robespierre, Marat, Danton frente a Napoleón y su Código? ¿Los césares ante Hitler, Stalin, Trotsky? ¿Truman, ante Churchill, De Gaulle? ¿Los héroes de las independencias latinoamericanas frente a los milicos del cono sur, los sandinistas y los guerrilleros centroamericanos? Para muchos colombianos Pablo Escobar Gaviria fue un benefactor.

 

Le guillotina, el gulag, los campos de concentración, el terror atómico, el terrorismo religioso e ideológico ¿tienen mayor identidad con el mal que esa narrativa política que engaña y deforma y confiere más poder a quien la administra desde la autoridad constitucional, con la ayuda de los medios de comunicación, las redes sociales y la credibilidad de los ingenuos y/o muertos de hambre?

 

El mensaje del engaño no es selectivo, es general y perverso. Lo adquiere quien necesita, con urgencia de vida, asirse a un rayito de esperanza, por falso o ilusorio que resulte. Este mal es sutil y más dañino que la cámara de gas.

 

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@OrtegaGregorio

 

“Los Centros de Atención para Estudiantes con Discapacidad (CAED), un programa piloto que nació hace diez años, no es reconocido como un proyecto oficial y hasta ahora no ha sido considerado en el Presupuesto de Egresos de la Federación.

“En el Primer Informe de gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, se indica que en esta modalidad educativa hay 27 mil 878 estudiantes. En el documento se detalla que 46 por ciento de alumnos padece una discapacidad intelectual; 16 por ciento una motriz; 14 por ciento, una auditiva; 10 por ciento una visual, y 2 por ciento una psicosocial.

“Juan Pablo Arroyo, subsecretario de Educación Media Superior, acepta que actualmente no se cuenta con recursos económicos para darle continuidad a los CAED”.

¡Vaya cachaza del gobierno del cambio!, lo primero fue olvidar buena parte de su oferta política de campaña, y en cuanto sintió que la Silla del Águila le queda bien, procedió a quitar lo que le estorba, tal como lo hicieron los jerarcas nazis en cuanto decidieron desestructurar la República de Weimar, recuperar la grandeza de Alemania, y darle una lección a Europa y al mundo, ¡nomás faltaba!

Y sí, aprendimos mucho. Por lo pronto lo que no puede ni debe olvidarse. ¡Nunca jamás!… y también la manera en que disponen de lo estorboso. Muchos olvidaron lo primero, y recuerdan al pie de la letra lo segundo, porque el mundo ha encontrado novedosas formas políticas de hacer a un lado a los pobres y de servirse del trabajo esclavo. ¿Para qué conservar los CAED? A los que allí asisten quieren cancelarles el futuro.

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@OrtegaGregorio

Modificado por última vez en Miércoles, 09 Septiembre 2020 09:45

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