Lilia Arellano

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Alberto Pérez Blas

BADIRAGUATO ¿MENSAJE POLÍTICO DEL PRESIDENTE?


En medio de la vorágine informativa respecto del actuar del Gobierno Federal ante la pandemia del Coronavirus (COVID-19) se inscribió la visita del Presidente, Andrés Manuel López Obrador a Sinaloa en una muy cuestionada gira de trabajo que tuvo su punto mas relevante en un evento realizado en la población de Badiraguato, la zona emblemática del Cartel de Sinaloa y cuna del narcotraficante más poderoso y visible del crimen organizado en México, Joaquín “El Chapo”, Guzmán .

En dicho evento, el presidente de la República se encontró con Consuelo Loera, madre del líder del cartel de Sinaloa y sus respectivos abogados.

Este hecho me formula diversas interrogantes, al margen de lo que pudiera significar para la imagen de un Presidente cuya nación enfrenta la peor crisis de salud y económica de su historia moderna.

No hay en la agenda de dicha gira un sólo asunto o proyecto estratégico cuya relevancia ameritara el traslado y presencia del titular del Ejecutivo Federal, particularmente horas antes de que el Gobierno de la República, a través del Consejo General de Salubridad, declarara la emergencia sanitaria en el país.

Si de algo no es posible acusar a Andrés Manuel López Obrador es de ingenuidad. La presencia de Consuelo Loera y los abogados de su hijo, así como de integrantes del cartel de Sinaloa en dicho evento; sería imposible que pasara desapercibida para las fuerzas de seguridad del Estado, la Guardia personal del Gobernador y de los propios elementos de seguridad del Presidente. No hay forma de que alguno de estos personajes hubiera tenido acceso al Presidente sin haber sido pactado y consentido por el propio titular del Ejecutivo.

Pregunta: ¿Cuál es, por tanto, la razón de Estado o el interés personal del Presidente para haber propiciado este hecho y además facilitar su divulgación, no obstante el costo político que cualquiera podría prever tendría que enfrentar la figura presidencial?

El Presidente es proclive a usar símbolos para enviar mensajes, lo ha hecho particularmente con los empresarios, los medios de comunicación e inclusive sus aliados, como es el caso de MORENA, su propio partido político.

El mostrar públicamente su afabilidad con la madre del Chapo Guzmán y escuchar directamente a su abogado, en el propio bastión del cartel de Sinaloa, es evidentemente un mensaje de su posibilidad de interlocución directa con esta organización criminal que tienen control territorial de bastas regiones del país, extraordinario poder financiero, según las autoridades norteamericanas, y particularmente, una devastadora capacidad de fuego.

Situando este hecho en la tensa correlación de fuerzas reales de poder del país que se ha propiciado tanto por el estancamiento de la economía durante el primer año de la administración de López obrador, por la insurgencia de sectores sociales, como el representado por las mujeres ante la violencia mortal que las lacera, la creciente división de la sociedad por la persistencia de la violencia, la impunidad y la corrupción. ¿Se podría interpretar dicho encuentro como una advertencia a otros carteles de la delincuencia organizada respecto a que el único interlocutor factible para los mismos sería el gobierno federal?

¿Cuál sería el objetivo de un mensaje de esta naturaleza, acaso emprender el camino de la negociación en la búsqueda de una pax narca? ¿O será acaso que el Presidente muestra su capacidad para neutralizar el apoyo que el cartel de Sinaloa representa para actores políticos y financieros cohesionados en una dinámica de presión y resistencia a la denominada 4T, que al parecer están en una dinámica de vencidas sin retorno ni conciliación?

Independientemente de las motivaciones que pudiera tener la reunión de Badiguarato, las dudas están sembradas y el costo político se ha pagado.

Última actualización en Lunes, 27 Abril 2020 22:25

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